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jueves, abril 18, 2024

DE VIDA SENCILLA , SALVADORES

Viendo , de nuevo y por novena vez en sus diferentes versiones la película “La sociedad de la nieve”. Volviendo a leer el libro, que ya me impactó hace años y me ha impresionado de nuevo, conociendo ya a los personajes, es una historia de amistad, de cooperación, de superación y hasta de transformación espiritual…..

Y se me ocurre pensar que, en los momentos más difíciles, no sé porqué, quien nos acaba rescatando no es ningún príncipe a caballo. Generalmente, personas de vida sencilla que, quizás, no están tan abrumadas con patrimonios que administrar, cuentas bancarias que revisar, inversiones que planificar…..

Y, se me ocurre que, libres de tanto alboroto, tienen los instintos más agudizados para saber lo que pasa a su alrededor. Por ejemplo, detectar gente que necesita ayuda.

No me gusta la expresión “de condición humilde”. Entre otras razones, porque para ser justos, tendríamos que oponerla a “gentes de condición soberbia”, lo cual, además, suele ser cierto.

Cuando necesitas poco de los otros te acabas creyendo el rey del mambo.

Y te equivocas…..

Porque el mambo lo sabe bailar muy poca gente. Y porque, en tu ceguera, acabas descuidando alguno de los flancos por donde la vida te acaba dando una hostia….pero bien dada…

Lo dicho, no me gusta “de condición humilde”. Prefiero “de vida sencilla” que quiere decir que tienen poco y saben vivir con ello. Y que no dedican toda su existencia al “ir a por más”, porque no todo el mundo está dispuesto a pagar según qué precio.

A éstos, a los de la nieve, los salvó un arriero a caballo que andaba por un valle perdido en los Andes reuniendo el ganado…..

Podía no haberlos visto, pero los vio…..

Podía no haber entendido su petición de ayuda… Pero la entendió….

Podía no haberlo considerado entre sus prioridades, pero lo priorizó….

Podría haber pensado que lo suyo iba primero, pero aparcó lo suyo para atender lo de otros… Sin conocer la envergadura de la tarea: salvar dieciséis vidas….

Y las salvó…

Mientras venían los helicópteros a por los otros, los dos que habían conseguido llegar al llano fueron alojados en una choza de arrieros. Donde había fuego, una pequeña estufa, y había pan, y mantas y comida caliente y protección…..

Y desde entonces dicen en todas partes, que nunca encontraron hotel más lujoso que el camastro que les ofrecieron, ni mejores psicólogos, ni médicos mas diestros, ni medicina más reconfortante que aquel guiso caliente que les dieron….

Los hijos de familias muy, muy rimbombantes, recuerdan a aquella niñera, aquella cocinera, aquella tata que los protegió y amparó….

Y es que, quizás, para atender a otros hay que andar por la vida con poca mochila….

Gente de vida sencilla. Gente más libre…. Salvadores, les llamo…

Coco Bari ©©®

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