Por Marcelino Pérez
Las críticas contra Pablo Iglesias -fundador del parido Podemos- y de su ex pareja Irene Montero por matricular a sus tres hijos en un colegio privado, con un coste de 500 euros al mes cada uno, son evidentemente injustas. Son padres ejemplares que han elegido lo mejor para sus vástagos. ¿Se puede reprochar a unos padres que quieran lo mejor para sus hijos? Evidentemente, no. Es más, hay que felicitar a estos padres que se sacrifican pagando 1.500 euros al mes para que sus herederos tengan la mejor educación.
Por si fuera poco el esfuerzo, no solo no han elegido un colegio concertado, algo entre lo privado y lo público, un colegio como en que se escolarizan tantas miles de familias españolas, no, los escolarizan en un centro completamente privado, sin subvenciones estatales.
Se podrá argüir que tanto Pablo Iglesias como Irene Montero han dicho que se debería eliminar la enseñanza concertada y no digamos ya la privada, pero eso otorga más mérito a los padres. A pesar de sus fuertes convicciones ideológicas han elegido lo mejor para sus hijos. Supongo que lo han hecho con gran dolor, al no seguir sus propios dictados ideológicos, pero por los hijos unos padres son capaces de todo. Incluso de renunciar a sus ideas.
Ahora, los dos niños y la niña podrán formarse en un centro sin inmigrantes que, aunque aportan la diversidad, tienen el inconveniente de que retrasan la marcha de los que dominan bien el idioma español. También tendrán amigos que en el futuro serán directivos, abogados del Estado, brillantes ingenieros, diputados, etc. y no simples fontaneros, camareros o empleados de Zara.
Este esfuerzo de Montero e Iglesias debería ser recompensado. Padres heroicos que renuncian a sus principios con tal de ofrecer un mejor futuro a sus hijos.
La única conclusión importante es obvia: No hay que fiarse de las bondades de lo público, por mucho que determinados políticos de izquierdas lo digan. Pero al menos, podrían adoptar el camino intermedio y elegir para sus hijos un centro educativo concertado en lugar de uno cien por cien privado.
















