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viernes, abril 23, 2021
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«Reflexión Semana Santa»

  Con independencia de la libertad religiosa y de culto consagrada en el art. 16 de nuestra Constitución, esta semana, en concreto las fechas de Jueves Santo a Domingo de Resurrección, gran parte de la humanidad celebra la pasión y muerte de Jesucristo, y que celebramos, creyentes o no, con pequeño parón laboral dada la festividad en toda la Nación.

Yo y el resto de las generaciones coetáneas tuve una formación religiosa propia de la época de lo que no me arrepiento, sino al contrario, y aunque no soy excesivamente practicante, tampoco me he desligado de los principios que inspira la historia de Jesús a lo largo de mi vida, pudiéndome considerar un católico heterodoxo y libre, como nos enseñaban nuestros educares en la época, sin las rigideces de otros tiempos ni de otras confesiones, hasta el punto de alcanzar el máximo nivel de respeto para las personas que sean o no creyentes o abracen otras creencias y religiones, porque en esta materia nadie está en posesión de la verdad.

Y dado que, como decía, conmemoramos en estos momentos la Pasión de Cristo me parece oportuno reflexionar y pararnos a pensar sobre este hecho histórico-religioso y lo que representó y sigue representando en la actualidad.

En mi caso, he tomado la religión como una faceta íntima, personal, como portadora de un conjunto de valores que me fueron transmitidos en su día y por tanto he tratado de ver el lado positivo de la doctrina que en su día impartió Jesucristo tal y como fueron narrados por los cuatro Evangelistas, todo ello más que como dogmas de fe como unas pautas de conducta y de los principios que inspiran, los cuales, se mire por donde se mire, no transmiten nada negativo, sino más bien al contrario, al preconizar la humildad, la solidaridad, la justicia, el amor al prójimo, etc., etc.,

En contraposición a otros aspectos de la humanidad como la lucha por el poder, la banalidad, la injusticia, la superficialidad o el postureo así como  la frivolidad que arrasa la sociedad en estos momentos, donde la imagen, la apariencia y el envoltorio es más importante que el contenido, todo ello haciendo abstracción de “la sacralidad” de la Iglesia y de los errores que se han podido cometer en su nombre a lo largo de la historia.

Por tanto, vaya esta reflexión como como un sencillo recordatorio de la historia de Jesucristo, que, según cuentan los textos bíblicos, fue un abanderado de la Paz y se enfrentó al poder religioso de la época y al todopoderoso imperio romano a costa de su propia vida por no renunciar a los principios que defendió a lo largo de su existencia y que ha dejado una huella durante más de dos siglos.

Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

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