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domingo, septiembre 26, 2021
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“POLITICOS VACIOS», «VACIO POLITICO»

Estamos agotando la mitad de la legislatura en Cantabria y los ciudadanos venimos comprobando la agonizante vida política, económica y social en nuestra comunidad donde la única noticia sigue siendo el covid 19 eclipsando las restantes áreas de las que depende nuestro futuro.

El actual gobierno, o desgobierno para ser más exactos, vemos que no solo carece de un plan estratégico para abordar el presente y el futuro poco prometedor de la comunidad autónoma, dejando pasar el tiempo y agotar una legislatura más en el poder pensando como preparar la siguiente, subsistir y seguir apegados al cargo (y sobremanera al sueldo que conlleva), y lo preocupantes es que tampoco se vislumbra una auténtica voluntad para cambiar sustancialmente las cosas.

Si esto es descorazonador, pues vemos como la población envejece, la juventud no visualiza horizontes laborales a medio ni largo plazo, `pues el tejido industrial en Cantabria es decadente y se ven obligados en el mejor de los casos a emigrar a otras partes del país o a Europa, observamos que sencillamente tampoco existe oposición que exija al gobierno que gobierne para que se ofrezca a la ciudadanía soluciones a la cantidad de problemas que acucian a todos los sectores, especialmente, como decía antes, ofrecer un futuro digno a la juventud.

Por tanto, resulta obligado hacer un serio análisis de lo que está sucediendo en Cantabria en general pero de forma especial en la capital. Basta dar un paseo por la ciudad para comprobar que la mayor parte de los locales, incluso céntricos, están en venta o alquiler, y pocos negocios prosperan exceptuando determinadas franquicias o multinacionales, pues ni siquiera los bancos que cierran sucursales a diario se libran del continuo declive.

Cantabria es un asilo y la prueba está en la tasa de nacimientos, en claro descenso, lo que indica que estamos ante una población nutrida básicamente de pensionistas y funcionarios y/o empleados públicos, especialmente en la principal empresa (publica) de Cantabria como es Valdecilla, sin que el resto de sectores, exceptuando la hostelería, acuciada por el covid, vean el despegue sino más bien lo contrario la crisis inminente, aderezado con un presidente de gobierno, octogenario, a mi juicio totalmente amortizado, sin discurso ni propuestas serias, más pendiente de cultivar su ego televisivo en los medios que de gestionar adecuada y convenientemente.

Por tanto, si damos un suspenso con nota muy baja al gobierno, otro tanto cabe hacer con la oposición, especialmente con el Partido Popular, que no se ha dejado ver ni oir en un solo momento sobre la nefasta gestión de la pandemia, y en la parálisis gubernativa e institucional en la que nos encontramos.

Es, como decía, totalmente desalentador para la ciudadanía ver que la clase política carece de vocación publica para dar las respuestas que la presente y futura situación exige, sin que estén haciendo absolutamente nada al respecto salvo legislar sobre cosas absurdas y triviales como la relativa al lobo.

Un día dije en este medio que la clase política tiene hacer una catarsis, de tal modo que para acceder y asumir  este tipo de responsabilidades publicas deberíamos pensar en tecnócratas y no políticos, a los que en todo caso se les debería exigir no solo una firme vocación para servir a los demás, sino también una preparación profesional (y moral) adecuada avalada con un currículum serio para que puedan gestionar el poder y los fondos públicos de forma responsable, pero la realidad del caso es que, como sucede en nuestra comunidad, la mayoría de los cargos políticos, tanto parlamentarios como los altos cargos (nombrados a dedo), provienen de un clientelismo y han hecho de la vida política su modus vivendi, sin que se les conozca en la mayor parte de los casos otros méritos fuera de dicha esfera mas allá de la pertenencia a un partido o al circulo de amigos del consejero de turno, lo que explica que intenten pasar desapercibidos, sin hacer ruido, que caiga la legislatura, no hacer oposición ni dentro del partido (para seguir incluidos en las listas), ni fuera de  el en el Parlamento o en cuantos foros sea necesario para gobernar dignamente o hacer gobernar a quien corresponda.

Por tanto, debemos exigir dignidad personal y preparación suficientes, además de una firme voluntad de servir a la colectividad (no servirse de la misma) para asumir este tipo de compromisos, aunque se cometan errores, pero sobre todo que no sirvan para buscarse una salida profesional y personal, lo que no me parece ni ético ni honesto.

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