Creo que nuestro tricampeón del mundo, Oscar Freire, ha estado muy oportuno en calificar de “perroflautas” a quienes ya desde la etapa de Bilbao se dedicaron a boicotear la vuelta ciclista a España (que desde un tiempo a esta parte incluye al País Vasco, después de años de ostracismo con amenazas de ETA pues no se consideran españoles), bajo el pretexto de la participación del equipo de Israel.
Ayer han conseguido reventar la etapa final, donde se rinde el merecido homenaje al ganador de la vuelta, este caso Jonas Vingegard, conseguida con meses de entrenamiento, sudor y esfuerzos inhumanos, alentados por el presidente de gobierno (con minúsculas) que estamos padeciendo los Españoles, “perroflauta” por antonomasia.
Lo que me ha llamado la atención no es que este tipo de gente (“perroflautas” y con pinta de chipirifláuticos), se erija de forma violenta de causas ajenas (como es la palestina donde todos estamos de acuerdo que debe imperar la paz y la cordura), normalmente es gente radical, llena de frustraciones (personales, sociales, económicas, existenciales, o de postureo como son los megarricos Bardem y cia.), y salen a la calle de forma violenta alzándose contra un evento deportivo fácil como es el ciclismo, deporte que a diferencia del futbol, los deportistas interactúan en pleno esfuerzo con el publico, sometiéndoles a un riesgo pues ha habido caídas de ciclistas totalmente indefensos, siendo blancos fáciles para este tipo de protestas.
Los perroflautas no acceden ni al Camp Nou ni al Bernabeu, con potentes medidas de seguridad y porque tienen que pagar la entrada. En el fondo son mediocres y cobardes.
Lo dramático no es que se ha hecho no solo con la permisividad del Gobierno (Marlaska dio orden de que ni los toquen, como se ha venido observando), o las declaraciones del chipiriflautico Albares (ministro de exteriores), sino lo que es más grave, con las palabras del presidente de (des) gobierno (perroflauta por antonomasia) alentando el boicot y la violencia junto, todo ello por distraernos de los focos de los problemas domésticos y familiares que tiene con la Justicia.
Este país, que en los siglos XV y XVI fue un potente imperio, está en franca decadencia económica, política y social con la actual clase dirigente y se se está dando un tiro en el pie. A ver si con el tiempo, se normaliza la cosa, y en lugar de los presidentes incendiarios que hemos tenido como Zapatero y Sánchez, entra gente con sentido común, que nos una, pero la semilla divisoria que están sembrando esta dando sus (nefastos) frutos, estos dos impresentables nos han dividido territorial, política y socialmente “ultraderecha & ultraizquierda”. Estamos como en el 36.

















