Por Marcelino Pérez
El paso del presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, por el senado ha dejado clara una cosa: El presidente del ejecutivo español es un gran ignorante. Una persona que desconoce asuntos que no ya un presidente del gobierno, sino cualquier español con una cultura media sabe perfectamente.
El diccionario de la Real Academia dice que ignorante es quien ignora o desconoce algo y Pedro Sánchez demostró que apenas conoce asuntos que son de dominio público.
Es posible que sus más de una docena de respuestas con «no lo sé«, «no me consta» sean mentira y entonces podría haber cometido un delito por falso testimonio. Si Sánchez dijo la verdad debe dimitir de inmediato, porque los españoles no nos merecemos un presidente que no sabe nada y que por tanto no esté capacitado para tomar decisiones.
Que la chavista venezolana Delsy Rodríguez tiene prohibido el acceso a cualquier país de la Unión Europea era público y notorio, pero Sánchez dijo que no lo sabía. Es más, en caso de tanta ignorancia tiene a su lado a una legión de asesores que de inmediato le podría explicar la situación legal de la dirigente venezolana.
Sus constantes muestras de desconocimiento son, en sí mismas, prueba suficiente para invalidarle como la persona que rige en estos momentos a España.
Refugiarse es un desconocimiento de cuestiones que son del dominio público deja al desnudo a una persona alejada del mundo real y a un político desconocedor de cuestiones elementales.
Pedro Sánchez se mostró en el Senado como una persona ignara un hombre incapaz de conocer asuntos elementales. Un político carente de la mínima capacidad para dirigir un país.
















