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viernes, diciembre 12, 2025

MIEDO, MIEDO

¡Qué miedo, qué miedo, qué miedo…que los jóvenes son fascistas!

O que aumenta el fascismo, dicen. 

Bueno, según lo veo, el problema no es si les gusta Franco, un señor con pinta de abuelito, o si los medios de comunicación pretenden vivir de titulares y sólo de titulares.

Lo que puede escucharse, detrás del, «¡viva Franco!» de algunos, es… «dicen que con Franco no había libertades, pero se vivía bien. Pues me quedo con el vivir bien aunque me quiten libertades» . Y ya está, lo dijo Blas, punto redondo.

Como dijo el destripador, vayamos por partes. En vez de asustarnos, reflexionemos.

Primero: te cuentan que hubo alrededor de 60.000 ejecuciones ya acabada la Guerra Civil.

¿Y a mí qué? ¿ voy a temer yo ahora que me ejecuten? 

Cierto y verdad. Uno no se asusta por los que matan a cinco mil kilómetros y menos se va a asustar por los que mataron hace ochenta años. Me pilla muy lejos.

¿Qué más? La mujer no podía disponer de dinero sin permiso de su marido.

Eso no va a pasar ahora. 

¿Y qué más? No se podía ser homosexual. Ahora se puede..¡quien puede temer eso?

No se ve la amenaza de una dictadura porque los encargados de explicar tal amenaza no la entienden y la explican mal.

No es una cuestión de ejecuciones sumarísimas, sino de vida cotidiana. Es que en una dictadura hay un partido único y manda ese partido único. Es que tu vecino se convierte en un chivato y te puede joder la vida, es que a lo mejor sí se puede ser gay, pero no todos, sólo algunos.

Es que la mujer no disfruta de una sexualidad libre, es una puta gratis, que no es lo mismo. Y si al jefe le apetece la secretaria, que se vaya preparando.

Es que no hay derechos laborales: manda el patrón y obedece el obrero y no puedes correr a los sindicatos a que te defiendan porque no hay. Bueno sí, verticales, al lado del patrono y para impedir huelgas y bailar jotas el día del primero de mayo…

Es que en una dictadura, el médico, el maestro ( no todo el mundo puede ser maestro, aquellos permitidos a serlo), el cabo jefe de puesto, el boticario y el cura gobiernan el pueblo, con el alcalde y te pueden expedir o no, un certificado de buena conducta. Y si no bajas la mirada cuando te dan recomendaciones que son órdenes, ya no estás bien visto. Y si eres mujer y no eres recatada, tampoco.

En una dictadura no eres una mujer soltera, te has quedado soltera y tienes suerte si a algún señor poderoso le apeteces. Es que si al Delegado Provincial le apetece tu hija mocita, que su madre la vaya aleccionando…

No es que no haya libertades, es que vives en una situación de permanente sometimiento. “Pero eso algunos, a mí me irá bien. Yo seré de los que mandan “ piensan siempre los gilipollas y gentuza. 

No guapo, no guapa. Tú mandarás algo, sobre los pobres de tu pueblo o barrio de ciudad , y a tí te mandarán todos los demás. Tú le cederás el paso al señorito que esté por encima, porque algunos habrá siempre. Y te tragarás el desprecio y la humillación per sin palabras, no serán necesarias, porque el mensaje te lo habrán calado a sangre y fuego.

El problema de una dictadura no son las tumbas de los muertos sino la muerte en vida de los vivos. Pero no te preocupes , que no te molestarán los inmigrantes, podrás llamar morito al morito, pero el emigrante  lo serás tú, porque tendrás a tu hijo en Londres y Berlín y tus nietos, cuando los veas, te hablarán por señas, porque no sabrán español. Y crecerán pensando que su familia viene de un país inferior, de una raza inferior y avergonzándose de ella.

Un pueblo que permite una dictadura, que se deja someter, es un pueblo que se desprecia a sí mismo y al que tratan con desprecio y condescendencia otros.

Vale, digamos que has asumido que no te importan las libertades porque prefieres la calidad de vida.

¿Había calidad de vida con Franco?

Claro que sí, pero se llamaba «calidad de vida» a otra cosa.

La mujer se quedaba en casa, un decir, porque salía a echar horas o tenía un trabajo en negro cosiendo zapatos en casa. El marido tenía dos trabajos.

Entre los dos, tres trabajos mal pagados.

La comida era barata y a base de legumbres.

El pollo los domingos y las bodas, el solomillo, nunca. El pescado fresco sí, boquerones.

Por eso se disfrutaba mucho las fiestas y navidades, porque consistían sólo en comer.

La ropa se heredaba.

No había coches y apenas televisiones. No se viajaba, el entretenimiento y la cultura eran lo mismo: fútbol y películas de suecas perseguidas por un señor en calzoncillos…

Los chicos y las chicas no estudiaban las carreras universitarias, eso eran para privilegiados.Y cantaban en la tuna y se divertían exhibiendo su condición de privilegiados…

¿Había becas? Si, para cuatro. El resto al taller. De costura las chicas y de chapa y pintura los chicos.

¿Viviendas de protección oficial? Si, para cuatro. El resto no. 

El resto se compraba un piso de 60 metros cuadrados con tres habitaciones y un baño, donde vivían los padres, los hijos y los abuelos. Había un sofá cama en el salón y una cama turca que se abría por la noche en la cocina.

Con el dinero que aportaban entre todos se compraba un piso de calidad cuestionable en un barrio colmena…

¿Había sanidad? Si, de dos tipos. De curarse y la del seguro. La gente pagaba una iguala para tener algo parecido a un médico de familia y una comadrona que atendía los partos en casa…

¿No queremos que los jóvenes idealicen el franquismo? Pues hablemos del franquismo en términos de vida cotidiana, sin renunciar por ello a la memoria histórica, pero mencionando la otra también, la memoria a secas.

Y resuélvanse temas como la vivienda, la precariedad laboral o la igualdad de oportunidades. Y ya veremos como no se añora el franquismo y se conoce que detrás de aquel abuelete con pinta afable había un auténtico HGP.

Con Franco…¿se vivía bien o se llamaba bíen a vivir como se vivía?.Aquí la tienen, la mujer española, muy mujer y mucho mujer, disfrazada de viuda y condecorada como esclava. Lo suyo es postureo, pero el mensaje no es baladí.

Coco Bari © © ®

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