Por Marcelino Pérez
La reunión del presidente Sánchez con el independentista catalán Oriol Junqueras ha sido otro episodio más -quizás más grave- de la humillación que constantemente realiza el gobierno de España a los cántabros. Ahora lo hace el gobierno socialista pero cuando gobernó el PP tampoco Cantabria recibió el trato justo.
El acuerdo entre Sánchez -avalado por el PSOE– y los independentistas catalanes y Junqueras como cabeza visible, Junqueras que fue uno de los golpistas que trataron de independizar Cataluña del resto de España, es un insulto al resto de españoles y a los cántabros de manera singular.
Cantabria y Extremadura son a todas luces las regiones más perjudicadas con ese acuerdo y eso sucede tras muchos otros agravios. No debemos olvidar como los trenes que venían a Cantabria se fueron a Cataluña y como Cataluña disfruta de unas infraestructuras, tanto en autovías como en ferrocarril, de las que carece Cantabria.
Los cántabros si podríamos tomar la frase de los golpistas catalanes de «España nos roba” por la de “Cataluña nos roba con la complicidad del PSOE”. La propuesta de Junqueras va directamente contra la esencia de la izquierda que proclama la necesidad de que quienes más tienen más aporten para compensar a los menos favorecidos. De esa forma los impuestos crecen de formar exponencial a medida que los ingresos son más altos. Lo que propone ahora el PSOE es lo contrario: que quienes más tienen más reciban.
Lo más grave de esta nueva humillación no ya para Cantabria, sino para los cántabros, es la indiferencia con la que se acepta esta situación. Tras conocerse lo acordado por un partido catalán y el gobierno de España, que afecta a tos los españoles y en especial a los cántabros, en nuestra región el gobierno regional ha pronunciado unas frases críticas contra este acuerdo y el PRC se posiciona en contra. La sociedad civil guarda silencio y en las calles no habrá señales de protesta. Cantabria sigue mansamente asumiendo los agravios y parece incapaz de plantar cara a una situación que durante años sume a los cántabros en perores niveles de bienestar y que expulsa a los jóvenes bien formados fuera de su tierra para encontrar trabajo.
Quizás en este desentendimiento de la política y en la escasa capacidad reivindicativa de los cántabros resida la decadencia que durante lustros afecta a Cantabria. Si tras este varapalo no se forma un consenso para mostrar, con contundencia, el rechazo a este pacto de financiación, con unidad y vigor, los cántabros tendremos nuestro merecido por nuestra incapacidad de defender nuestros derechos.

















