Por Marcelino Pérez
No es frecuente encontrar unanimidad entre los políticos de diferentes ideologías y la opinión general de los españoles, pero en un tema existe esa unanimidad: La escasez de viviendas y, como solución, la construcción de miles de nuevos hogares.
Basta con una breve charla con quienes son el eslabón final, y por tanto decisivo, en la cadena larga y compleja que permite iniciar la edificación de las nuevas casas o rehabilitar las existentes: La carencia de suelo para levantar pisos y el retraso de muchos municipios en otorgar las licencias para iniciar las obras.
En Cantabria existe mucho terreno en el que se podrían construir viviendas. En Santander, sin ir más lejos, bastaría con ordenar y permitir construir en el tramo final de la autovía que conecta con la salida hacia Torrelavega y Asturias, frente al PCTCAN, para que en unos pocos años la ciudad pudiera poner a disposición de los nuevos compradores o arrendatarios varios miles de pisos, es decir ofrecer viviendas a 20.000 personas.
Además, existen otros muchos lugares en los que poder edificar viviendas, desde solares en la propia ciudad, hasta extensiones de gran tamaño como el antiguo cuartel de la Remonta, en un lugar idóneo, que lleva años y años abandonado, convertido en un parque sin atractivo y con una buena parte de las instalaciones cerradas.
Los promotores de viviendas se quejan de la lentitud, en ocasiones rayana a la abulia, de los servicios técnicos de muchos municipios que tardan seis o doce meses en conceder una licencia de obra que debería estar resulta en un par de semanas.
A eso hay que sumar el hecho de una parte significativa de los ayuntamientos no tienen planes de ordenación urbana actualizados. Y algunos alcaldes no quieren desarrollar la ordenación porque saben que eso supone generar discrepancias entre los propietarios de viviendas y terrenos y prefieren no remover la cuestión. Eligen seguir en el sillón municipal en lugar de realizar su trabajo y permitir el desarrollo y dotar de viviendas a los nuevos vecinos.
Para abaratar el precio de las casas es imprescindible poner a la venta varios miles de casas durante unos años. Y hacerlo donde existe demanda, no en lugares en los que los cántabros no quieren vivir. Varios promotores aseguran estar dispuestos a construir viviendas sociales, pero es imprescindible que los municipios pongan terreno a disposición de los constructores.
Cantabria debe arbitrar soluciones a la carestía y carecía de viviendas y como se ve para ello no se necesitan grandes inversiones: basta con liberar suelo para que se pueda construir y agilizar, en plazos razonables, la otorgación de licencias.
















