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jueves, febrero 2, 2023

IMPERIO DEL MONOPOLIO

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Cualquier economista explicaría mejor que yo la definición del monopolio
(y oligopolio) en los mercados y las consecuencias para el consumidor y el
ciudadano
, especialmente en estos tiempos de inflación o estanflación, como así
lo denominan los expertos, de tal modo que los pequeños mortales poco podemos
hacer ante los gigantes económicos que actualmente están moviendo la economía
mundial, fagocitando la competencia de los más débiles, siendo fieles al inexorable
patrón biológico de “que el pez grande se come al chico”.

Desde mi modestísima visión, e impresión, hemos visto como los abusos de
estas practicas del libre mercado, especialmente en USA (petroleras y
multinacionales a finales del Siglo XIX, y en Alemania
, con las potentes
farmaceuticas BAYER, BASF, etc., incrementadas durante el régimen nazi, que
potenció la perversión del mercado mediante los “cárteles”, que controlaban la
producción y precios, propiciando que interviniesen los Estados mediante las
leyes “antimonopolio” (antitrust), provocando en el caso de USA la segregación de las compañías (TEXACO), como una media para abortar en la medida de lo
posible estos abusos, o posición dominante en los mercados, cuya consecuencia
principal es, como decía, y resulta obvio, evitar la competencia y controlar la producción, distribución de precios de los bienes y servicios en los mercados.

Pues, con la famosa globalización, el potencial de estas compañías de toda
índole, no solo las petrolíferas y sus distribuidoras, sino en lo mas diversos
ámbitos: financieros (fondos de Inversión más potentes que muchos estados),
eléctricas, aseguradoras, farmacéuticas, cadenas alimentarias, etc.,etc., estamos
asistiendo a un resurgimiento y consagración del monopolio, y oligopolio, así
como al de las practicas colusorias (control o acuerdo sobre los precios) mediante
los citados cárteles, y el ejemplo más claro lo tenemos en los combustibles,
alimentos y precios de la luz, prácticamente similares entre las diversas
compañías, privando al consumidor de precios competitivos y calidad en los
bienes.

Basta dar un paseo por cualquier ciudad, capital de provincia, tanto en
España como en el mundo, y comprobaremos como en todas ellas las mismas
tiendas de ropa, colonias, vehículos, carburantes, etc. da igual en oriente que en
occidente, puesto que las multinacionales, a través de otras multinacionales
distribuidoras, ponen en el mercado en horas los mismos bienes y servicios.

La misma prenda de Zara la podemos comprar en Santander, Chicago o Tokio.
Al tiempo, en pasadas fechas, leíamos en un Diario regional que en el
pasado ejercicio en Cantabria habían cerrado cerca de 270 pequeños negocios, y
se preveía que en el 2.023 lo harán en torno a 300.

Sin embargo, vemos como las mismas marcas de ropa, servicios, aseguradoras, telefonías, Mc Donnals, han tomado los centros de las ciudades con publicidad abismal, desplazando a la pequeña competencia que no puede competir con los bajos costos de estas multinacionales por las reglas de la economía de escala (muchos pocos).

En consecuencia, lo dramático del asunto es que el ciudadano está
totalmente indefenso ante esta proliferación, y lejos queda la Ley Sherman
“antitrust” del Senador del mismo nombre de Ohio que pretendía acabar con
dicha perversión económica y fomentar la libre competencia en 1.890 en USA, sin
que actualmente los países y estados nada estén haciendo al respecto, máxime
cuando el mundo está gobernado en estos momentos por regímenes progresistas,
más proclives, por definición, a erradicar estas prácticas, por su genética política y
sensibilidad social, como podría ser el caso de Joe Biden en Estados Unidos,
miembro del Partido Demócrata (de cariz socialdemócrata), Alemania (gobernada
por el PSD), varios países de Europa, y especialmente en España gobernada por
socialistas y comunistas, que no solo están mirando para otro lado, sino que
cohabitan con estas compañías.

La Unión Europea (primero la Comisión y luego el Tribunal de Justicia UE),
ha tomado alguna medida tímida al respecto, en todo caso superflua o
insignificante, con algunas multinacionales digitales o tecnológicas como acaba de
suceder con Google, con multas irrisorias, aunque se diga que elevadas,
inicialmente de 4.340 millones de euros, rebajada a 4.120, (la mayor impuesta
por una autoridad de competencia comunitaria), por el abuso de posición
dominante por haber impuesto restricciones ilegales a los fabricantes de
dispositivos Android para afianzar su estatus en el mercado de búsquedas por
internet. Los jueces aceptaron que constituía una práctica «abusiva»..

Lo que verdaderamente se necesita son medidas contundentes que
obliguen a las compañías a erradicar este dominio tan exclusivo y a no ser tan
potentes (ni prepotentes), no solo de carácter económico, pues debemos lo
escurridizas que son al albergar sus sedes en paraísos fiscales, eludiendo el pago
de impuestos, a pesar de generar beneficios en todo el planeta. Estas sanciones
económicas las tienen calculadas y amortizadas de antemano.

En el caso de Google matizar que dicha compañía tiene una capitalización bursátil y un valor superior al Billón de Dólares (1.000.000.000.000 $); dicho de otra forma, la sanción es calderilla. A los hechos me remito, la compañía ni se resiente, porque primero se lo ha ahorrado en impuestos.

En España, a los medianos y pequeños empresarios los abrasan a
impuestos, costes y gastos
porque están en una ratonera. Imposible competir se
mire por donde se mire. A ver quien pone el cascabel al gato.

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