Por Marcelino Pérez
Hace un mes, un joven de origen Magrebi, del que solo sabemos que se llama Issam B, de 19 años, agredió con violencia a una persona mayor en la localidad de Torrepacheco. Las imágenes del hombre, de avanzad edad, ensangrentado y lesionado, produjeron repulsa e ira.
Varios grupos de vecinos y de personas llegadas de otras localidades se manifestaron contra los agresores y algunos grupos de españoles, de ideología xenófoba, produjeron disturbios, daños materiales y heridos.
Unos cuantos días mas tarde, las fuerzas de seguridad detienen al presunto agresor en el País Vasco cuando trataba de huir a Francia, para eludir a la Justicia.
Cuando parecía se ponía fin a ese episodio, el juez encargado de sancionar al joven Isaac B le pone en libertad y le quita el pasaporte.
Dentro de unos meses, con suerte, el agresor del anciano será juzgado y quizás condenado con una pena menor a dos años lo que significará que no entra en prisión.
Este tipo de Justicia es la que provoca, en muchos casos, indignación. No se trata de hacer leyes para españoles o extranjeros, ni discriminar por raza o creencias. Es preciso tener un código penal que evite casos o o este, ya que muchos españoles se preguntan si con esta legislación se puede mantener el orden público y evitar casos de xenofobia.
















