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jueves, mayo 26, 2022

EL FENOMENO: OKUDA 

Por cambiar de tema y salir de la actual coyuntura política, debo decir que soy bastante aficionado al arte en general, especialmente al de Cantabria, y, quienes me conocen, saben que desde hace muchísimos años, además del running, es una de mis aficiones y soy un modesto coleccionista

Ahora mismo hay una interesantísima exposición en la Sala Casyc de Santander (a mi juicio su sitio debería haber sido el Centro Botín) de una genio de la pintura no solo cántabra (Cabezón de la Sal) sino mundial, como fue Maria Blanchard, coetánea de Picasso y una de las mejores exponentes del Cubismo a nivel internacional, amiga del citado Picasso, de  Diego Rivera (con quien llegó a compartir piso en Madrid y Paris), de Juan Gris, Matisse y de la pléyade de pintores que se afincaron a primeros del Siglo XX en la colina de Montmartre.

Creo que Cantabria le debe no solo un homenaje de verdad y no cosas puntuales. Estoy convencido que el hecho de ser mujer resultó para ella, al igual que para muchas otras, un hándicap (la pintura era una actividad muy dada al machismo), y también por el hecho de que no fuera muy agraciada -físicamente hablando-, débil de salud, factores todos ellos que sin duda impidieron que se le reconozca como una de las mejores pintoras (es) del Siglo XX   (y para mi lo es), muy por encima de Frida Kahlo (icono fruto de la tormentosa relación con Rivera).

De hecho, el periodista de RTVE Baltasar Magro, ha publicado un interesantísimo libro de María Blanchard, que recomiendo pues narra con detalla su vida, y penurias en aquel Paris, al tiempo que plasma la profundidad y talento de nuestra paisana que, ya en vida y entre los citados compañeros de generación, fue muy reconocida y respetada, no así por la crítica y por el actual sistema del arte moderno, pero vendió prácticamente toda su obra en aquel entonces. 

Cantabria, alumbró ya en el Siglo XIX  a Riancho, pintor pasiego de Ontaneda, que también a mi modesto entender, por el hecho de ser español no debería estar alejado de los impresionistas franceses, como Manet, Renoir, Monet, aunque a nivel local tiene su reconocimiento (está representado en el Museo del Prado), pero también ha tenido grandísimos artistas, como el genial Casimiro Sainz, Salces, Pancho Cossio, Quirós, Solana, etc., etc. y más recientemente otro talento como fue Enrique Gran, a quien tuve el gusto tratar (incluso intervine en su testamentaria), y al que tuve que convencer en varias ocasiones para que me vendiera obra que le pagaba a plazos, de la que no quería desprenderse porque  decia que “sus cuadros eran como sus hijos” (sic), o más acá ya en las vanguardias a  Juan Uslé, pintor mundialmente reconocido (afincado entre New York y Saro (Cayón), o mi amigo Juanjo Viota que también merece un puesto en la pintura contemporánea, pues, como decía antes, esta tierra es cuna de grandes artistas incluyendo los antepasados de Altamira. 

Pero, dando un paso cualitativo en el tiempo, en Cantabria, concretamente en Santander, podíamos ver desde hace no muchos años algunas fachadas y colegios adornadas con triángulos coloridos, conformando figuras que no pasaban desapercibidas. Todos nos preguntábamos, yo al menos,  quien era su autor, en forma de graffity como exponente del arte urbano, y no era otro que OKUDA tal y como rezaba el pie de firma.

El hecho indiscutido es que estas obras, te gustaran o no, resultaban llamativas, y desde luego demandaban nuestra atención mientras circulábamos por la ciudad y ello  por la variedad de su colorido y su originalidad, con división de opiniones, por utilizar términos taurinos, unos para bien y otros en sentido contrario. 

¿Cuál era y es mi postura al respecto como ciudadano aficionado al arte?. Sin duda, de principio se me planteó un dilema, porque estábamos ante una manifestación artística novedosa, moderna, como es el arte del graffity, con adeptos y detractores por igual, pero que ahí está.

Y no es menos cierto también, que esta modalidad podía ser considerada como un “arte menor” respecto a los artistas consagrados anteriormente mencionados, pero sin embargo resultaba con una proyección plástica más mediática y de mejor comprensión para la ciudadanía que el arte tradicional puro y el de vanguardia. 

Sin embargo, luego, con posterioridad,  meditando y haciendo una profunda reflexión sobre este autor (al que no conozco, aunque tengo un dibujo en tabla suya de su primera época,  que no se parece en nada a lo que actualmente hace) y su obra, creo que merecía un análisis más serio, pues el movimiento que está generando en los últimos tiempos (ha expuesto en el extranjero, en concreto en Chicago) está adquiriendo notoriedad, ya es un personaje publico, incluso tiene su espacio en Wikipedia, por lo que creo merece, al menos por mi parte, un expreso reconocimiento.

De hecho, entre sus obras me había llamado la atención hace tiempo u bonito cuadro una fachada que hizo en colaboración con otro pintor muy bueno, SERZO (no cántabro), en la Calle General Dávila, a la altura de la rotonda de “La Radio”, que me parece una obra magnífica por parte de ambos autores, en un enclave muy transitado. (Serzo, es otro pintor realista muy apreciado, tiene otra muy buena bajando por la perpendicular de G. Dávila a Camilo Alonso Vega, a la altura de la C/ Simancas), siendo una obra en la que cohabitan estéticamente dos artistas con estilos muy distintos. A mi, personalmente, el resultado me encanta. 

Pues bien, aunque lo fácil a veces es hacer crítica detractora o destructiva, muchas veces fruto de la envidia o simplemente porque no obedece a los cánones ortodoxos de turno, o por contradictoria y más en este mundo del arte donde la “crítica es muy crítica”  e incluso rara, creo que, repito, tras una profunda reflexión, OKUDA MERECE TODO MI RESPETO y además mi admiración por lo que está consiguiendo con su movimiento.

Me parece un artista valiente, creativo, innovador, pues de algo tan simple y elemental como es la combinación de formas geométricas (normalmente triángulos) con colores variados y alegres, va conformando a su vez otras figuras, hasta haber conseguido un estilo y un lenguaje propios que todos somos ya capaces de identificar. Esto ya es un hecho más que suficiente para que tenga un espacio con nombre propio en el mundo del arte moderno. 

Por tanto, desde estas líneas -y como suelo hacer con personajes singulares que a mi juicio lo merecen en cualquier ámbito de la vida- quiero brindar mi modesto homenaje y, al tiempo, mi muestra de admiración respecto, en este caso, un artista que está siendo capaz de estar en primera línea por méritos propios, como es OKUDA.

De hecho, su puesta en escena con su obra más mediática como es el “Faro de Ajo” (obra que aún no he visitado), no ha pasado inadvertida ni exenta de polémica, a pesar de las críticas y contradicciones, los  resultados, sobre todo las visitas,  indican que han superado todas las expectativas iniciales, y por tanto es obligado reconocer que, a pesar del escepticismo de principio, está resultando ser un éxito sin paliativos que hay que atribuir al propio autor y a las autoridades locales  que apostaron por esta idea.

Espero que siga su línea artística y no se deje oficializar por el régimen político de turno. Mi sincera enhorabuena, y chapó por la imaginación y las nuevas tendencias que no hacen mal a nadie.

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