La tragedia de El Bocal en Santander con cinco jóvenes fallecidos y uno desaparecido tiene un origen bien claro: En una zona expuesta a las olas del mar, a las nubes de agua salada, con una humedad del cien por cien, el salitre como elemento permanente se colocan pasarelas de madera, en forma de troncos. La madera es un elemento vivo que se pudre así que ¡Qué podría salir mal!.
Las tonterías ecologistas llevan a estos despropósitos. Hasta lo más viejos del lugar saben que la madera junto al mar no es resistente y que se pudre y pierda rigidez y pierde sustento, pero esas pasarelas de troncos recién cortados parecen muy “naturales”. Muy ecologistas.
A lo mejor, esta tragedia sirve para aprender y no repetir errores.

















En efecto. A eso se une la falta de mantenimiento habitual en todas las instalaciones de la ciudad de Santander. No hace falta que cite más ejemplos, porque saltan a la vista en cuanto te das un paseo.