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jueves, septiembre 29, 2022

DING DONG

Desde donde vivía hace un tiempo escuchaba la campana de la iglesia. Cuartos y horas, daba.. Sonaba las 24 horas del día, pero yo sólo la escuchaba de madrugada, cuando estaban todos dormidos y me apetecía acompañamiento….

Sabía que si ocurría algo grave, avisaría la campana, antes que cualquier informativo….Se pondría a tañir como loca, vamos, vamos, levantaos que hay fuego o agua, o tiembla la tierra…

Avisaría a los vecinos para que fuéramos a la plaza. ¿A qué? No sé, a reunirnos, a enterarnos, a que saliera el que sabe lo que pasa y el que sabe lo que hay que hacer….

A aportar cada uno de lo suyo o a traer agua, que siempre viene bien….A la gente con mucho susto, enseguida le dan una botella de agua y una manta. Aunque estemos en agosto.

Yo lo digo por lo que veo, salen de sitios en llamas envueltos en una manta brillante. Y a los congelados, lo mismo, la misma manta. Debe ser la de Harry  Potter, que tiene magia.

Nunca he vivido una situación de esas, lo más parecido a una emergencia fue cuando aparecieron las luces de un ovni en el cielo que resultaron ser los rayos láser de una discoteca de Managua, y que en la mitad del campo oscuro se veían como las espadas de la Guerra de las Galaxias, cruzando todo el cielo.

Y los vecinos tocaron a la puerta, eran como trece o catorce. ¿Está la señora?preguntaron, y mi chico , que me sacaba tres cabezas, replicó «¿no valgo yo?» Mejor la señora, respondieron.(No sé, debieron verme más capaz de asustar marcianos)Bueno, pues vamos, dijimos.. Y ahí salimos Jeffrey, los perros y yo, seguidos por la comitiva para ver qué era eso…

Enfilé el camino de donde parecía que venía, y al poco me dí cuenta que estaba andando sola. A veinte metros la comitiva capitaneada por Jef con Sally y Batán, todos dispuestos a correr por si era algo….Aquí el cónyuge, más interesado en cotillear con los paisanos y éstos gritando, ”no se acerque, señora, no se acerque”…Si no me acerco, no me entero, pensaba.

Marcianos no son porque de esos no hay. Angeles en aparición, imagino que tampoco y si se aparecen algo contarán. Lo mismo hacen luego estampas con mi imagen, armada con un rastrillo de recoger hojas del jardín y calzada con chanclas y calcetines.

Lo de los calcetines era por las hormigas, que te devoran. ¡Qué bichos más malos, hasta sientes el mordisco, horrorosas!

Lo dicho, pensaba lo mismo me hacen luego patrona de algo, nunca se sabe. No sé de lucha- ovnis, porque la comitiva aparte de apiñarse unos a otros, detrás de mi chico muerto de risa y lamentando no tener a mano una cámara de video, para una batalla, como que no….

Hasta que ya me aburrí y grité: no hay marcianos. Son luces de la ciudad, venga, a casa, y se acabó el evento.

Eso es una comunidad, cuando desconocidos que viven cerca, se agrupan para luchar contra un potencial peligro. Bueno, para que luche otro mientras ellos comen palomitas, como en los toros..

Lo dicho, la campana es lo que tiene, que nos recuerda que vivimos en vecindad. Para uno solo no te vas a instalar un campanario, ¿no?

Soy de las que piensan que, después de respirar y beber agua, la necesidad más perentoria es la de pertenecer.

Por eso nos la venden los publicistas, nos la administran los políticos, nos la dan y nos la quitan los vecinos según nos hayan cogido tirria. La campana no, la campana nos la regala, es para todos.

Coco Bari © © ®

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