Por un STV
Soy un Santanderino de Toda la Vida, es decir un STV. Esta denominación ha sido denostada, calumniada y envilecida, pero creo que merece la pena reivindicar la ciudad de Santander y contar lo que se ve, lo que se oculta, lo que se podría hacer y lo que no se logrará nunca.
En esta columna contaré lo que veo en las calles, lo que escucho en los bares, lo que oigo en la radio… todo para que Santander sea el centro del mundo.
Un STV puede ser engolado, cursi, prepotente o por el contrario amable, culto e inteligente. Los STV tenemos las dos caras del escudo de Santander y las tenemos en el sentido literal y también en el malintencionado.
Contaré lo que pasa, pero sin hablar de mi mismo. Eso sería poco santanderino. Quienes se asomen a esta columna encontraran unas gotas de información, un chorro de opinión y varios litros de buena intención. La mezcla, que no cóctel, puede ser refrescante, aunque alguno de los aludidos le resulte amarga.
Santander es la capital de Cantabria y como tal un buen reflejo de lo que sucede en el resto de la comunidad. La ciudad mira la mar, escala en pindias cuestas, quiere ser cosmopolita, pero se aferra a la tradición y las viejas piedras.
Santander es cómoda, predecible y manejable. Como decía el poeta Santander es de goma, lisa y negra.
Desde hoy escribiré, con mesura, lo que veo, escucho y pienso.