Por Marcelino Pérez.
El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, realiza una campaña a nivel nacional para forzar la vacunación de quienes aun se resisten a recibirla. Pide que se obligue a los no vacunados a someterse al tratamiento y argumenta que la única forma de frenar completamente el Covid es que todos reciban el fármaco.
Revilla tiene razón en su propuesta, porque el consenso científico es total: Es imprescindible que toda la población quede protegida por la vacuna y por ello es de aplaudir esta iniciativa del líder del PRC. El obstáculo surge porque con la legislación actual no se puede obligar a nadie a vacunarse y por ello la acción de Revilla es acertada pero poco eficaz.
La cuestión es que una cosa es predicar y otra dar trigo, según el refrán popular. La pregunta es ¿Puede el gobierno de Cantabria hacer algo? La respuesta es sí, afirmativo. El ejecutivo cántabro no puede obligar a vacunar, pero si tiene en su mano presionar de verdad para que quienes aun se resisten reciban la vacuna.
El gobierno cántabro tiene en su mano decretar que, para acceder a cualquier establecimiento público, estadio deportivo, bar, restaurante, etc. sea obligatorio presentar el certificado de vacunación, un documento que se extiende gratuitamente y que todos, o casi todos, quienes han recibido las dos dosis recibieron en el momento de ser vacunados o que se puede pedir en el centro de salud.
Con esa medida, que ya han adoptado en algunas regiones, quienes se niegan a vacunarse verían muy, pero muy, reducido su ámbito vital y, como primera medida no resultarían infectados y tampoco contribuirán a expandir aun más la pandemia.
¿Por qué no se adopta esa medida? Recordemos que Cantabria mantuvo con dureza las restricciones de acceso a bares y restaurantes, el aforo, etc. Ahora podría decretar el pasaporte covid como indispensable y con ello hacer algo para frenar la pandemia.
Predicar es bueno, ayuda a concienciar. Actuar es mucho mejor.

















