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sábado, octubre 1, 2022

DEL BITCOIN AL METAVERSO 

Hace un año y un mes exactamente, en estas mismas páginas escribía un artículo relacionado con el Bitcoin, donde explicaba el origen y desarrollo (tras una fiesta en Ibiza) de esta singular moneda, frente a la cual mostraba abiertamente mis recelos y no entendía muy bien su desorbitado valor, considerándola un producto netamente especulativo y sin soporte alguno, manifestando mi desconfianza respecto a un producto monetario o financiero cuya primera transacción sirvió para pagar dos pizzas 10.000 bitcoin el 22 de Mayo de 2.010, pizas que valdrían hoy 270 millones de euros. Los hechos hablan por si mismos. 

Es más decía A dia de hoy (Abril 2021) el bitcoin cotiza, redondeando, a 63.254 $ (53.000 euros), y según los analistas (publicado por el diario económico El Economista), creen que puede e incluso debe llegar a cotizar a en torno 120.000 dolares.”, y acababa mi escrito afirmando: “desde mi ignorancia, y viendo la evolución, y en contra de los grandes especialistas, tengo mis dudas y recelos al respecto, porque sigo sin saber en qué valor se respalda el bitcoin (excepto en indescifrables combinaciones matemáticas), máxime cuando no está comúnmente aceptado por los distintos países en sus regulaciones internas, que advierten con sacar su propia criptomoneda, pues, como todo lo virtual, si explota la burbuja no queda nada, o,  a lo mejor según los gurús alcanza los citados 120.000 dólares (estamos a mitad de recorrido) ¡ahí queda eso¡. La reproducción del milagro de los panes y los peces esta servida en pleno siglo XXI”. 

Por tanto, no es preciso recordar que no me faltaba razón, pues lejos de lo que vaticinaban los gurús financieros y la prensa económica especializada, la burbuja explotó y el camino ha sido totalmente inverso, el que yo intuía, pues a día de hoy ha bajado más de 60%, cotizando a 27.000 euros. Es más, el resto de criptomonedas, especialmente la conocida como “luna”, ha pasado de cotizar 100$ a 0$ en solo dos días provocando el pánico y la ruina para los que allí invirtieron. 

Y en relación con este asunto, están apareciendo productos o tecnologías nuevas, y de hecho recientemente en el suplemento de Negocios del Diario El Pais, así como el telediario del día 17 de Mayo, se empieza a hablar del METAVERSO, como un mundo virtual, aun por construir, e incluso yo diría que por definir, en el que todas las empresas ya vienen apostando e invirtiendo prometiendo inversiones con retornos millonarios, en el cual, según todos los indicios podemos introducirnos, e incluso comprar parcelas virtuales. 

Este término lo puso en marcha el día 28 de Octubre de 2021, Mark Zuckerberg, dueño de Faceebok, quien ha manifestado que es la evolución natural de internet, siendo al parecer un mundo virtual en el que todas las empresas quieren estar presentes con inversiones multimillonarias. 

De hecho, la compañía Bloomberg, cifraba que el negocio podría mover en torno a los 800.000 milones de dólares en 2024, y algunos otros analistas lo elevan a entre 8 y 13 billones de dólares, lo que son cifras mareantes, lo que explica que nadie (todas las multinacionales)  quiere perderse esta fiesta que equiparan a la eclosión de los teléfonos inteligentes. 

De entrada, cabe decir, que no existe una conceptualización de lo que es el Metaverso, denominación tomada de una novela Snow Crahs, un éxito de ciberpunk de los años 90, lo que ya, a mi juicio, no deja de ser un dato a tener en cuenta respecto a las cautelas que hay que tener al respecto, todo ello al socaire de la tecnología 5G

Otro dato es, que este no es el primer intento en desarrollar este mundo  del Metaverso, que interpreto como una cuasi-realidad virtual, no distinta a los sueños que, consciente o inconscientemente tenemos (sin intromisiones ni control, y además de forma gratuita),  sin necesidad de gafas especiales (Oculus Quest 2), ni máquinas o sistemas que nos trasladen a ese mundo ficticio o virtual, pues ya hubo un intento similar hace dos décadas que duerme en el limbo, como fue Second Life, con perdidas millonarias, aunque dicen que esto es distinto. 

Lo que quiero decir, es que estos nuevos sistemas, estos productos, necesitan tiempo y seguridad, y además deberían ofrecer hechos tangibles, constatables que justifiquen tamañas inversiones, y a mi juicio no se dan estas circunstancias, por lo que debemos acudir con sabia cautela. 

En definitiva, que entre probar una anchoa de Santoña, en una terraza con un buen vino o buena cerveza, o hacerlo metaversalmente, su satisfacción en modo alguno puede ser equiparable a la primera. 

Lo que me preocupa, o lo más llamativo, a mi juicio son dos cosas, una el elemento especulativo, en el que otra vez nos lo venden esto como un maná tecnológico (y no estoy en contra de los avances),  al igual que las criptomonedas, pero los mismos protagonistas son muy parecidos por no decir que los mismos (los promotores del Bitcoin fueron fundadores y socios de facebok), y todo para que los mortales piquemos, usemos y compremos,  con los riesgos que comporta, pero lo más preocupante, es que estas “metarealidades” tratan de controlarnos y llevarnos a su mundo, al de la publicidad, las ventas, y obedecer ciegamente sus instrucciones en interés propio, de tal modo que el que no está en su mundo totalmente irreal, vacío, material y ficticio, prácticamente no existe.  

Por tanto, mis recelos ante estos nuevos “inventos”, apadrinados por gurus sin mayores escrúpulos, muchos de ellos amamantados en Harvard y criados en Silicon Valey,  con la idea de aprovecharse de nosotros en el más amplio sentido de la palabra, porque una cosa es que estos señores, por señalar algunos ejemplos, el antecitado Zuckemberg, Elon Munsk o Gates, quienes podrán tener el talento que se quiera, visionarios e intuición, pero sin duda carecen de una formación humanística sólida que a mi juicio debe respaldar estos avances. Dicho de otra forma, las nuevas tecnologías han de servir para tener un mundo mejor, más habitable, no como sistema de “alienación, enriquecimiento mediante su masivo consumo y control.” 

Lo estamos viendo con la bolsa. Antes, hace 50 o 100 años, las empresas para crecer tenían dos opciones: una pedir un préstamo al banco, y otra salir a bolsa. 

Aunque la bolsa ha sido siempre especulativa (hoy prácticamente lo es por definición), lo cierto que no alcanzaba los niveles de la actualidad y seguía otros patrones. Antes las empresas salían a bolsa con unos fundamentos económicos para la entrada de capital ajeno y evitar costos financieros (préstamos bancarios), y su valor dependía de los buenos resultados con buenos gestores. De ello sacaban tajada  los bróker o tiburones financieros que se valían de información privilegiada, donde cualquier atisbo de noticia sobre tal o cual contingencia determinaría su revalorización o devaluación, y un ejemplo de ello lo tenemos en la película Wall Street, (allí, el especulador Geko se aprovecha de la buena fé del padre del ambicioso aprendiz de bróker que comunica al hijo una futura sentencia favorable sobre la compañía aérea que evitaría su quiebra, para comprar a bajo a precio para vender alto).  

Hoy esto ha cambiado, y son los grandes Fondos de Inversión quienes deciden de antemano, apuestas de por medio, si conviene aupar o rebajar esta o aquella empresa sin ningún riesgo (para ellos), haciendo circular rumores o noticias que hacen correr en la prensa especializada o a través de “seudo gurus” donde suelen picar o ingenuos o codiciosos,  aprovechando  luego aquellos de cualquier contingencia (desde un terremoto, covid, invasión, etc) para que todo se mueva en una u otra dirección generando a veces pánico o desconcierto y comprar a bajo precio.

Dicho de otra forma, se juega con las cartas marcadas, todo ello bajo una cobertura legal (son productos de riesgo, y como tal sujeto a variación), con la salvedad que la mayoría de ellos son entidades en paraísos transnacionales y opacos, sin riesgo ni responsabilidad penal (delito de alteración de precios del mercado) salvo en contadas ocasiones. 

Por tanto, ante la irrupción del indefinido “metaverso”, y las consecuencias o negocios colaterales o trasversales de esta nueva realidad virtual, muestro mi total escepticismo. 

Esta es mi percepción. Por ello, creo que las decisiones económicas en cualquier orden han de venir presididas por la intuición, o por otras razones, pero no bajo el prisma de la especulación (ante las bondades que provengan de este nuevo orden) puesto que estás a merced de estos depredadores.

Por eso, antes se decía “compra con el rumor y vende con la noticia”, yo creo que se ha de comprar con el corazón (aquello que te guste o te llame la atención por algo), por eso mi impresión es: compra con intuición, y vende con el rumor, pues si vendes con la noticia, la pérdida está asegurada. 

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