Por Marcelino Pérez
En la trágica DANA de Valencia en presidente de la región, Carlos Mazón del PP, estuvo comiendo en un mesón, “El Ventorro” y no se incorporó a las tareas de coordinación de las inundaciones hasta bien entrada la tarde. Las críticas fueron múltiples y duras. Finalmente, el militante del PP tuvo que dejar el cargo abandonado incluso por su propio partido político.
Durante los días de la tragedia de El Bocal, en Santander, el Delegado del Gobierno en Cantabria, Pedro casares, ha estado de viaje en México para cumplir un encargo del PSOE: traer a Cantabria los restos de la histórica activista Matilde de la Torre, que murió en el país azteca, en el exilio.
Casares supo en México lo sucedido y optó por no regresar a Cantabria y seguir con su encargo en México. Es seguro que su presencia en Santander no hubiera podido evitar el accidente ni mejorar las tareas del rescate de los cuerpos de los jóvenes fallecidos. Como tampoco la presencia de Mazón hubiera evitado la tragedia de Valencia.
La diferencia reside en el trato que el PSOE y los partidos de izquierda dieron al caso de Mazón y su posición frente a la ausencia del delegado del gobierno en Cantabria. La derecha actúa de manera muy diferente ante casos como la tragedia de El Bocal, a como responde la izquierda.

















