Desgraciadamente estos días, la última semana en concreto, en España no se habla de otra cosa que de criminalidad política, a propósito de la reciente condena al Fiscal General del Estado y del ingreso en prisión del primer Diputado (y ex ministro) de la democracia y el gorila de los recados de este y del entorno mas estrecho del Presidente de Gobierno, Pedro Sánchez por casos de corrupción primordialmente, y de otros como tráfico de influencias o revelación de secreto.
Creo que a estas alturas y con la precipitación con la que están sucediendo los hechos, pocas dudas podemos tener que Sánchez es consciente que su futuro político desembocará en la exigencia de responsabilidades penales (a las de aspecto político se niega, avalado por los depredadores políticos que lo arropan), y ello desde la mas pura lógica, pues no es normal que todo el entorno familiar (esposa, hermano, y el suegro bajo sospecha de financiación irregular) estén judicializados, como lo está sus tres amigos que le llevaron a liderar el partido (PSOE), la “banda del Peugeot” (Celdrán, Koldo y Ábalos), clientes de la penitenciaria de Soto del Real.
Es poco verosímil que Sánchez no supiera nada. Sánchez lo sabia (o debería de saber) todo. Es cuestión de tiempo que aflore la verdad, y son varios los refranes antiguos cuando dicen “dime con quien andas y te diré quien eres” o, como ya he dicho en otra ocasión, “cuando las barbas del vecino veas pelar…..”, o como se cantaba en los 80 en el País Vasco (hoy Euskadi) aquello de que “éramos dos (Athetic y Real), ya somos tres (Osasuna) ya solo falta el Alavés” (en primera), que acabó ascendiendo, aquí “ya solo falta Sánchez”.
La corrupción del PP fue el argumentario de la moción de censura que aupó a Sánchez a la Moncloa con la complicidad inmoral de los separatistas catalanes y vascos, defendida con vehemencia y ahínco por el adalid de la “pureza” el Sr. Ábalos. Hoy este portavoz esta preso junto al chofer.
Todo esto se produjo, insisto, en un asalto al poder del PP de Rajoy, un Presidente absolutamente “incapaz para el cargo” (que bien pudo inspirar a Sabina a gestar el hombre del traje gris), todo ello bajo el argumentario de la pureza política, para acabar como dice otro refrán castellano de que “Dios no nos ponga donde haya, porque de quitar ya me encargaré yo”, resultando en definitiva ser unos golfos la mayoría de aquellos asaltantes y sus cómplices.
Creo que el Partido Popular, repito por incapacidad manifiesta de sus dirigentes, es el principal culpable del desaguisado que tenemos, por generar el caldo de cultivo que dio lugar a lo que estamos padeciendo, y por la falta de un líder sólido y de una idea de lo que España necesita en los próximos años.
El Partido Socialista es también responsable, pues no existe ningún movimiento interno que diga basta, lo que, de seguir así, puede llevarle a consecuencias de futuro imprevisibles al tenerlo maniatado el Presidente de Gobierno.
Esto no va de ideología, ni va de partidos. Esto va de cultura, formación y educación. Ejemplo de ello es el hecho de que Ábalos, sin ninguna preparación humanística ni universitaria, al igual Koldo, Celdrán, Leire Diez (la fontanera) y un largo etcétera de altos cargos, e incluiría a la mayoría de este Gobierno plegado a un psicópata político, como es Sánchez, vayan al Parlamento y a los medios dando
lecciones de moralidad, mientras en su “marxosfera» política· se lo están llevando a manos llenas pensando que esto no se iba a saber haciendo contratos a sus queridas y, como diría Sabina, “mujeres de mala nota”.
Digo que va de educación, porque recuerdo que hace años un atleta que tenia yo en el equipo Running, fue a competir a Japón y en el estadio se olvidó la mochila con la ropa, con la cartera y la documentación. Le dijo al conductor que regresara a por ello, a lo que éste se negó diciéndole: “usted no se preocupe, mañana encontrará su mochila y sus pertenencias intactas.”. Efectivamente al día siguiente allí estaba todo tal cual lo había dejado. Es su cultura.
Me he tomado la molestia de ver los países menos corruptos del mundo, y Japón, sin embargo y a pesar de esta anécdota absolutamente cierta, no se encuentra entre ellos (aunque me consta que existe esta cultura), dado que esta por delante Dinamarca, Finlandia, países nórdicos y Nueva Zelanda.
En definitiva, la corrupción es un mal endémico, bíblico y prebíblico, latente a lo largo de los años hasta los tiempos modernos y en todas las culturas. Hay mucha formas de corrupción, y las variables son infinitas, si bien se anuda al poder político, se ramifica en el económico y últimamente en el mediático (comprar a los medios políticos), a cambio de dinero, poder, escenarios, medallas, cursos, promociones internas, etc, etc.
Solo hay una forma de combatir a largo plazo la corrupción y no es precisamente la cárcel (absolutamente necesaria), se trata de abordarla de raíz en la educación desde niños, de formación en los valores que alumbran la dignidad humana, para su proyección profesional, tanto en la vida privada como en la publica, en la política en la cultura y en todas sus derivadas.
En mis tiempos de bachillerato se estudiaba en una de las variables de Filosofía, la “Ética”. Me da la impresión que con las reformas escolares esto ha desaparecido.
Debemos enseñar en las aulas desde la infancia que la persona humana ha de ganarse la vida con aquello que le guste (o no) pero con vocación, devoción u obligación, y aceptar la situación que nos ha tocado vivir, al margen de lo que hagan los demás, pero inculcar y recalcar de base que en la vida no hay (o debería de haber) atajos, bien para enriquecerse o para escalar cargos.

















