Hace tiempo que se venía mascando la investigación sobre Montoro, mano derecha de Rajoy y Ministro de Economía y Hacienda.
El “caso Montoro”, si bien ha estado silenciado judicial y mediáticamente durante mucho tiempo, acaba de aflorar en el peor momento para el Partido Popular, presidido por otro gallego, y a pesar de lo que está sucediendo con el Gobierno actual, no acaba de despegar en las encuestas.
En este caso llueve sobre mojado, secuenciado por el “caso Rato” (semilatente) y el caso Bárcenas, semiamortizados política y judicialmente hablando, todos ellos bajo el denominador común de trafico de influencias, con el consiguiente enriquecimiento, sino que además multiplicaban los panes y los peces.
Lo grave, y obsceno, de Montoro es que en su etapa al frente del Ministerio, para enjuagar la crisis económica heredada del peor Presidente de la Democracia española, con diferencia, como fue Zapatero, nos estrujó fiscalmente a todos los españoles con reformas tributarias brutales, como no había pasado en ninguna otra etapa de la reciente historia económica patria.
Mas aún, las reformas tributarias venían aderezadas con la permisividad a los Inspectores de Hacienda de entrar en domicilios y empresas, prácticamente con una simple formalidad jurídica (inconstitucional) que supuso el estrangulamiento económico de la pequeña y mediana empresa española. La política fiscal de este impresentable solo puede calificarse de confiscatoria y brutal, cuando las políticas tributarias modernas deben tender a lo contrario.
Obviamente, fueron los Tribunales de Justicia quienes rectificaron esta barbaridad, pues de dichas inspecciones a veces afloraba un delito fiscal, y como tal, la entrada y registro, como en cualquier otro delito, debe venir precedida de una Orden Judicial específica y motivada y con indicios previos, no hacerla de forma prospectiva como permitió este impresentable, arruinando a muchísima gente.
Lógicamente los sucesores, ni siquiera el actual gobierno, ha utilizado políticas tan cruentas como este gurú tributario, por cierto ex Profesor de la Universidad de Cantabria.
Pues bien, mientras estrangulaba a los ciudadanos con la máquina de recaudar, hemos podido conocer que su despacho, formado por allegados, familiares y/o
testaferros, atendía a las grandes empresas para formalizar recursos y paliar o rebajar las consecuencias de las investigaciones fiscales, con importantísimos réditos, como vamos a tener ocasión de conocer con mas detalle en el futuro inmediato. Esperemos que la justicia haga su trabajo, y como se suele decir “a todo gorrín le llega su San Martin”.

















