Desde este medio, Cantabria Press, se han venido haciendo una serie de críticas (más bien reflexiones, a lo que un medio periodístico está obligado) respecto a lo que una institución, un club tan emblemático como querido en Cantabria, como es el Racing de Santander ha o debe representar y encarnar los valores que lo han venido caracterizando desde su fundación hace más de un centenar de años, lejos de la deriva actual, precedida de otras etapas para el ovido.
Me explico. Me encuentro pasando unos días de vacaciones en Mallorca, y en el periódico más leído de las Islas, “ULTIMA HORA”, viene un titular en el apartado deportivo: “Pablo Torre y Mateo Joseph, la conexión cántabra del Mallorca: lo tienen todo para triunfar”.
Pues bien, en el Diario Montañés y en distintos medios de la región, totalmente plegados a este “sucedáneo de lo que fue el Racing” en todos sus aspectos, especialmente a la junta directiva, vemos que es noticia la llegada de un vasco, un tal Peio Canales, y ayer la de Villalibre, dos vascos más a la pleyade de euskaldunes que pueblan la plantilla, desde el portero Ezquieta, Aldasoro, Inigo Vicente, Karrikaburu, etc. en la que apenas podemos contabilizar dos o tres cántabros, nutriéndose este Club de jugadores vecinos en calidad de cedidos, bien porque son descartes, bien material de derribo como es el caso de Villalibre para retirarse no lejos de Euskadi.
Llevamos tiempo denunciando la actual junta directiva -que por cierto no ha aclarado de forma mínima como han llegado a tener la propiedad del Club-, se ha cargado literalmente la excepcional cantera que ha tenido el Racing desde los tiempos, una de las mejores de España, ya desde Gento, Marquitos, Santillana, Aguilar, Munitis, Canales, etc., y ahora Pablo Torre y el citado Mateo Joseph, triunfando todos lejos de la tierra. Pero tenemos el caso del central lebaniego Alvaro Gonzalez que se ha ido al Tenerife, y otros tantos que han visto como los vascos los están desplazando, en lo que puede denominarse “diaspora del futbol cántabro”
Este penoso Racing, a pesar de ello, tiene la mejor de las aficiones de España, fruto de la tradición y amor al club, a pesar de estar vegetando entre Segunda B y Segunda (lejos de los años de Pernia, donde al menos vimos en Santander al PSG y al Manchester City) y no con estos impresentables con los que vemos a la Ponferradina o al Arandina, con el debido respeto, y a pesar de ello está batiendo record de abonados e incondicionales, que ven como año tras año nos venden mentiras y falsas ilusiones, con la baskonización del Club.
Esto explica que vayamos a Anduva, con la afición desplazada allí a verlo en las televisiones de los bares, y salgamos goleados con un triste viaje de vuelta, y ello por una razón: estos futbolistas de al lado no sienten este Club ni se dejan la piel en el campo. Dicho queda.

















