AMARGA VICTORIA, DULCE  DERROTA 

«Amarga victoria, Dulce derrota», esta frase fue pronunciada por Alfonso Guerra tras las Elecciones Generales de 1.996, donde Aznar resultó ganador por muy poco margen (1,2% de los votos) respecto a Felipe González, que había agotado mas de tres legislaturas seguidas tras 14 años en el poder, con el espinoso asunto GAL por medio,  donde, cual ahora acaba de suceder, todos los pronósticos y sondeos daban ganador por goleada al Partido Popular. 

La historia ha vuelto a repetirse. Todos los sondeos (excepto el CIS, y algunos que manejaba el grupo de El Pais), daban ganador por mucho más margen a Feijoo (150 votos) que, con el apoyo de VOX, conseguirían mayoría absoluta, y de hecho el del “noroeste” (como diría Revilla), hizo campaña en modo ganador-presidente, y más tras el debate donde únicamente consiguió poner nervioso a Sanchez (sin noquearlo), relajándose a partir de dicho instante, secundado por los palmeros (as), como la tal Cuca Gamarra, a la que yo no tendría en mi entorno ni dos minutos. 

Sin embargo el resultado ha sido sorprendente. Cierto que el PP ha subido escaños respecto a las últimas generales, pero es que estaba en el pozo, y lejos de su sitio natural, donde está ahora, lo llamativo del caso es que no solo no han conseguido desbancar a Sanchez, al contrario, ha conseguido más votos y diputados que en las anteriores,  teniendo en cuenta sus alianzas, la pandemia, los indultos y el guiño a los nacionalismos. En el PP tienen que reflexionar mucho sobre este asunto. 

He de confesar que para mi este resultado no ha sido ninguna sorpresa, y de hecho así lo vengo advirtiendo desde hace más de un año en este medio y en radio en las tertulias con Lorenzo Vidal de la Peña (donde dije que habrá Sánchez para rato), y mas a raíz de la precipitada convocatoria de elecciones por este último, pero que podía haber sorpresas, y lo dije en plena resaca  azul tras la sólida victoria del PP en las elecciones municipales y autonómicas. 

Y digo que no ha sido sorpresa, porque una elemental lectura de ambos comicios nos indica que España pide -y necesita- un cambio, como se comprobó en Mayo, pero los electores consideran que Feijoo no es el candidato sólido que se necesita para un cambio por razones varias, criterio que comparto totalmente. 

Esta evidencia era conocida por todos menos en los Barones del Partido Popular, que no se enteraron no quisieron enterarse. Desde la no dimisión de Rajoy, seguida de la dimisión forzada de Casado, y el nombramiento  al insulso Feijoo, el partido popular necesita un cambio radical con alguien carismático, y está tardando en dar la oportunidad a Ayuso para tal cometido, mensaje que no han querido entender, a pesar de dos mayorías absolutas  seguidas de esta en la capital. 

Difícil papeleta tienen, y desde luego el próximo gobierno, sea azul o rojo, será otro Frankestein (término acuñado por el gran Rubalcaba), pues si cualquiera de ellos quiere gobernar deberá hacer extrañas operaciones aritméticas (con su correspondiente peaje), caso de que no haya nueva convocatoria electoral. Malos tiempos para la lírica. 

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