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jueves, febrero 2, 2023

MALOS TIEMPOS PARA LA MODERACIÓN

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Entre otras, alguna de la acepciones de la palabra “moderación” son cordura, sensatez, templanza.

No son ni mucho menos buenos tiempos para la moderación, cuando precisamente más la necesitamos los españoles.

La moderación, en modo alguno debe de confundirse con dejadez en los criterios, sino más bien como una forma de buscar siempre algo bueno en los demás, sobre todo en sus ideas.

Sin  embargo, a veces, se confunde la moderación con la debilidad y no debiera de ser así.

No son buenos tiempos para ser moderado, porque siempre hay grupos y personas, dispuestos a pisar los derechos de los demás, de creerse superiores, lo que hace que como seres humanos, utilicemos un mecanismo de autodefensa, que nos lleva a la reacción, entrando inmediatamente en la acción-reacción.

Los creyentes, debemos pedir al Señor, tener la capacidad de aguante, como la han tenido tantos mártires, pero hay que reconocer que es una gracia especial y como tal no está siempre nos está a nuestra altura.

En España, la política, por culpa de grupos con ideas totalitarias, están creando un estado, en los que para una parte de sociedad, empieza a ser un esfuerzo grande y difícil la convivencia.

Cuando se pisotean, valores religiosos costumbres centenarias, instituciones como la familia, cuando se intenta en inmiscuirse en el pensamiento propio, llegando a la estupidez de dictar lo que tenemos que pensar sobre la historia, es realmente difícil ser moderado, sin embargo, necesitamos ser moderados, aunque nos lo pongan extremadamente difícil.

Este humilde contador de ideas, también le gustaría ser siempre, siempre moderado y transmisor de la verdad sin exageraciones, pero muchas veces, el corazón se encuentra impactado por emociones causadas por la violación de valores que considero fundamentales, por mentiras que destrozan personas y conocimientos e injusticias y divisiones. Me gustaría tener un manual para actuar con cordura, sensatez y templanza, significado de moderación.      

El poema de Santa Teresa de Ávila, sin duda, es en esos momentos un buen bálsamo: “Nada te turbe, nada te espante todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quién a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta”.  

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