El año pasado quedó al descubierto el engaño que el Ministerio de Transportes había cometido para perjudicar a Cantabria: tras muchas peticiones -siempre denegadas- para visitar la factoría vasca en la que se construían los nuevos trenes de cercanías para Cantabria el ministerio reconoció que ni siquiera se habían iniciado los trabajos y que, además, se trasladaba el encargo de la fábrica de Beasain a otra en Zaragoza. Resumen un par de años de retraso sobre los plazos previstos.
Comienza el año 2026 y nada se sabe sobre los avances en la construcción de esos trenes. Ni el ministerio ni el gobierno de Cantabria han dicho una palabra… lo que a tenor de lo ocurrido anteriormente no es precisamente una buena señal. Cantabria debe exigir una información permanente sobre los avances en las tareas de fabricación de esos convoyes, ya que todo en este ámbito ha sido -hasta ahora-una chapuza y un engaño a nuestra región.
Hace años, muchos, los nuevos trenes destinados a Cantabria se enviaron a Cataluña, después se encargaron unos nuevos… hasta que se percataron de que esos trenes no cabían por lo túneles y, finalmente, se contrató por vía de urgencia la construcción de máquinas y vagones para el ferrocarril de Cantabria y Asturias.
Lo menos que debemos exigir los cántabros es conocer el estado de la fabricación de los nuevos trenes. Una comisión del parlamento regional debería inspeccionar, cada trimestre, in situ, la marcha de esos trabajos… pero ni nuestros diputados presionan para que les reciban en los talleres de Zaragoza y el ministerio no se digna a informar. Un nuevo desprecio a los cántabros, abandonados por sus políticos. Sería muy grave descubrir, cuando ya no tenga remedio, que también en este nuevo intento la fabricación de los trenes acumula retrasos.

















